Miel

En nuestro municipio son muchos los apicultores que desarrollan su actividad ya sea por negocio o por autoconsumo, han sabido aprovechar las enormes posibilidades de nuestro entorno para poder formar colmenas (clima, diferentes cultivos, zonas forestales conEchinacea Flower with Bumblebee in Germany
Hummel auf Echinacea Bluete muchas plantas y arbustos con flores, que posibilitan una fuente inagotable de recurso para las abejas además de la labor de polinización que realizan ya sea en plantas naturales como cultivos.

Se pueden colocar colmenas en cualquier zona del pueblo (con las convenientes medidas de seguridad) para el desarrollo de la apicultura, ya sea en los entornos de las sierras del hacho y Aguas, la vega del río o los lagares siempre se encontrarán zonas con flores.

Aquí os damos más información sobre la miel y las abejas.

 

Miel, ¿es tan beneficiosa como dicen?

A pesar de su fama, la miel, el edulcorante natural más antiguo empleado por el hombre, no tiene ningún beneficio demostrado sobre la salud. Eso sí, sus propiedades la hacen un ingrediente atractivo para su uso culinario.

La miel es un alimento que elaboran las abejas a partir del néctar de las flores, de las secreciones que extraen de partes vivas de las plantas o que se encuentran sobre ellas, y que se encargan de pecorear y transformar, mezclándolo con sustancias específicas propias, para después almacenarlo y dejar que madure en los panales de la colmena.

Tipos de miel

Los distintos tipos de miel pueden clasificarse siguiendo diferentes criterios, según el modo de obtención, la finalidad de empleo, la época de producción, o su origen. Lo más común es encontrar en el mercado mieles clasificadas por la época de producción o por su origen. Así pues, la miel de primavera se produce hasta finales de mayo, la principal o de estación entre junio y julio, y la miel tardía es producida entre agosto y septiembre.

Según su origen, la miel puede ser de flores (de árboles frutales, romero, tilo, etcétera) o de rocío (abeto, abeto rojo, o de hoja). La miel de flores es un líquido de color transparente cuando es fresca, que va concentrándose paulatinamente, y su color puede variar del blanco al castaño, en función de la planta de origen. Por otro lado, la miel de rocío difícilmente se vuelve sólida y es menos dulce. Es de color oscuro y suele tener aromas especiados y resinosos.

tipos de miel

Beneficios de la miel:

 La miel regula el azúcar en la sangre

 El consumo de miel natural reduce el estrés metabólico

La miel natural promueve la recuperación del sueño

La miel como tratamiento para el estreñimiento

La miel natural mejora la función cerebral

Proporciona beneficios sobre  acné y otros problemas cutáneos

Minimiza las alergias

 Mejora la cicatrización de heridas, quemaduras y úlceras

 Previene la piel seca

 Evita labios secos

Regula el ciclo menstrual

 Es un estimulante del sistema inmunológico

Los beneficios de las abejas

Las Abeja, protagonizan, con otros miles de especies, una de las funciones esenciales de la vida natural: la polinización. En su continuo periplo de flor a flor, recogen y dispersan el polen, convirtiéndose en un eslabón esencial en la producción de más del 70 % de nuestras plantas. Su desaparición, por tanto, acarrea un serio problema en el mantenimiento de los ecosistemas.

La agricultura es la primera y auténtica beneficiaria de los servicios prestados por las abejas. Su contribución en términos económicos es realmente significativa, hasta tal punto que la renta directa de la apicultura (miel, cera, polen y otros productos) pasa a un segundo término Se ha intentado hacer una estimación al respecto en muchos países, y así por ejemplo:

La FAO cifró el beneficio de las abejas fuera de la colmena en 20 veces superior a la producción apícola.
La polinización es vital para la producción de alimentos y los medios de vida de los seres humanos, y relaciona directamente los ecosistemas silvestres con los sistemas de producción agrícola. La gran mayoría de las especies de plantas fanerógamas sólo producen semillas si los animales polinizadores han transportado previamente el polen de las anteras a los estigmas de sus flores. Si este servicio no se realizara, muchas especies y procesos del ecosistema conectados entre sí, dejarían de existir.
La pérdida de servicios de polinización está bien documentada en muchos casos concretos. Cuando los polinizadores manejados por el hombre, como las abejas, afrontan una serie de amenazas que los debilitan, los servicios de los polinizadores silvestres se hacen aún más esenciales. En el ámbito mundial, la comunidad internacional ha reconocido la importancia de los polinizadores mediante la Iniciativa internacional para la conservación y el uso sostenible de polinizadores (también conocida como Iniciativa internacional sobre polinizadores – IPI) en el año 2000, en el seno del Convenio sobre la Diversidad Biológica impulsado y coordinado por la FAO.

En España, los cultivos sometidos a polinización por abejas son principalmente los árboles frutales (almendro, melocotonero, cerezo, ciruelo, manzano, peral) las leguminosas forrajeras (alfalfa, trébol), las cucurbitáceas (melones, pepinos, calabazas, calabacines, berenjenas), las plantas para la extracción de aceite (girasol, colza), las fibras textiles (lino, algodón), todos los cultivos hortícolas, (fresas, frambuesa, espárragos, zarzamora, tomate), las plantas de flor y una recién llegada, la vid, forman una lista parcial de vegetales que dependen necesariamente o al menos se ven favorecidos por la acción polinizadora de las abejas, hasta el punto de que resultaría mucho más sencillo citar los vegetales que no la necesitan.

Resulta ya indiscutible que las abejas, y con ellas los apicultores, participan en medida considerable en la producción agrícola. Gracias a este papel, el patrimonio privado de los apicultores se convierte en patrimonio público, dado que el beneficio derivado de su trabajo se deja sentir en toda la colectividad y estableciéndose así un lazo recíproco entre abejas, medioambiente, agricultura y hombre, que debe ser protegido.

En cada ocasión en que una abeja recoge néctar de una flor o bien néctar y polen y se desplaza a otra para hacer lo mismo realiza uno de los actos más importantes y beneficiosos para las plantas pues las ayuda en la polinización de sus flores. Es importante resaltar que todo el cuerpo de la abeja se halla cubierto de pelos rígidos a los que el polen se adhiere transportándolo hasta otra planta, muchas disponen de un polen de unas característica determinadas y que facilitan de por sí el agarre a la abeja. Cuando por propia iniciativa la abeja recoge polen y debe llenar las cestas de las patas con las bolas que prepara, necesita hacerlo de muchas flores y es entonces cuando la función de polinización se realiza de forma óptima si consideramos además que solo recoge de una sola especie con lo que se produce una simbiosis entre abeja y planta muy importante.

La polinización en las flores de las plantas equivale a la cópula entre las especies del reino animal, y si no se realiza o se hace de forma deficiente los frutos de esa planta tendrán defectos y serán menos.

Peligros de las abejas

Varios son los factores que amenazan a los polinizadores: la pérdida de hábitats, las prácticas de la agricultura industrializada, como los monocultivos (menor disponibilidad y diversidad de alimento para estos insectos), el uso de plaguicidas; parásitos y enfermedades; especies vegetales y animales invasoras; y los impactos del cambio climático. Se ha calculado que el valor económico de la labor de polinización de las abejas podría estar en torno a los 265.000 millones de euros anuales en todo el mundo, 22.000 millones para Europa y más de 2.400 millones de euros para España, recientemente calculado por Greenpeace en su informe “Alimentos bajo amenaza” Así pues, incluso desde un punto de vista puramente económico, merece la pena proteger a las abejas.

Las cifras del problema que sufren los polinizadores son contundentes. El informe “El declive de las abejas”  advierte que las poblaciones de abejas disminuyeron en Europa un 25% entre 1985 y 2005. Pero también otras especies están padeciendo la misma suerte. Datos recientes revelaron que el 46% de las 68 especies de abejorros europeos están en declive y 24% en peligro de extinción. También las mariposas. En las dos últimas décadas se han reducido a la mitad las poblaciones de mariposas de las praderas, según la Agencia Europea de Medio Ambiente.

Si los cambios necesarios no ocurren podríamos asistir a un declive irreversible de las poblaciones de insectos polinizadores, lo que implicaría una pérdida de productividad de la gran mayoría de cultivos (en Europa el 84% de 264 cultivos dependen de la polinización por insectos) e incluso la inviabilidad de otros. Esto supondría un incremento del precio de los cultivos que se pudiesen mantener y un cambio en la pirámide alimentaria. Podríamos polinizar a mano algunos cultivos con un interés comercial importante… pero, ¿quién va a polinizar el romero, tomillo, zarzamoras, arándanos y un largo etcétera?

Por tanto es imprescindible aplicar soluciones. El primer paso es prohibir los productos tóxicos para las abejas actualmente en uso, y hacer que la evaluación de riesgos de los plaguicidas sea mucho más estricta. Por otro lado, deben ponerse en marcha planes integrales de acción para salvar a las abejas. 

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